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La Encomienda De Los Predicadores

“Y cuanto mas sabio fue el Predicador, tanto más enseño sabiduría al pueblo; e hizo escuchar, e hizo escudriñar; y compuso muchos proverbios.” Eclesiastés 12:9

Lectura Bíblica: 1 Corintios 9:11-23

Propósito: Enseñar que todo predicador tiene una encomienda y esta es la predicación del evangelio, y debe hacerse con voluntad propia, ya que si así lo hacemos recibiremos recompensa de Dios.

Introducción: Por muchos años muchos hermanos y hermanas de la Iglesia de Dios han llevado la predicación del evangelio, en las casas, calles, aldeas, pueblos, ciudades, países, esforzándose en gran manera. Muchos de ellos han recibido viáticos para ejercer esta encomienda, otros han reusado tomar estos viáticos y han invertido de su propio dinero haciéndolo de su propia voluntad. Esto no significa; que el que fue pagado o recibió viáticos sea menor su esfuerzo, que el que no quiso voluntariamente recibir su derecho. No queremos enfrascarnos en esto, simple- mente queremos mostrar la realidad que sucede en la iglesia de Dios en todo el mundo.


La lectura bíblica nos muestra que quien trabaja en la obra de Dios tiene derecho a recibir un salario, según leíamos en los versos 13-14 “¿No sabéis que los que trabajan en las cosas sagradas, comen del templo y que los que sirven al altar, del altar participan? Así también ordenó el Señor a los que anuncia el evangelio, que vivan del evangelio.” Y este ha sido el gran problema, esta frase: “Los que anuncia el evangelio que vivan del evangelio” muchos pastores han enseñado que de ellos son todos los diezmos y ofrendas que reciben en la iglesia, enseñando mal y usando el verso a su favor.


Ya que Pablo dijo en 1ra. Timoteo 5:18, “Pues la escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y digno es el obrero de su salario” dándonos a entender aquí este verso que si un pastor o líder de la iglesia de Dios, trabaja dedicado al evangelismo, o hace la función de pastor a tiempo completo debe de tener un salario. Pero no dice Pablo, que debe tomar todo el dinero de diezmos y ofrendas. Ya que en los tiempos del tabernáculo y el templo, los levitas quienes eran los encargados de llevar la ofrenda, y culto a Dios, recibían los diezmos, ofrendas, primicias, para el mantenimiento de ellos y su familia, porque trabajaban día y noche ofreciendo a Dios sacrificio. Pero también de los diezmos, ofrendas y primicias que recibían tenían que distribuirlo entre: el necesitado, el huérfano, la viuda, el extranjero, el enfermo. léase Deuteronomio 14:29.

¿Qué ha pasado en nuestros días? Lamentablemente en otras iglesias los pastores se apoderan de los diezmos y ofrendas, almacenando para ellos fortunas y viviendo en casas de lujo, teniendo carros y aviones para su uso personal y familiar, olvidando la orden de Dios de cuidar de la viuda, el huérfano, el enfermo en su necesidad. Pablo nos dio ejemplo, renunciando a su privilegio, a su derecho como apóstol, diciendo esto en el verso 12b. “Pero no hemos usado de este derecho, sino que lo soportamos todo, por no poner ningún obstáculo al evangelio de Cristo”. La mentalidad de Pablo en cuanto este asunto esta basado en los versos 15-17 diciendo: “Pero yo de nada de esto me he aprovechado, ni tampoco he escrito esto para que se haga así con- migo; porque prefiero morir, antes que nadie desvanezca esta mi gloria. Pues si anuncio el evangelio, no tengo por que gloriarme; porque me es, impuesta necesidad; y ¡ay de mi si no anunciare el evangelio!”


Esta era la clave de Pablo: El sentía que le fue impuesta la necesidad de parte de Dios en anunciar el evangelio y él cumpliría a toda costa. Sigue diciendo: “Por lo cual, si lo hago de buena voluntad, recompensa tendré, pero si de mala voluntad, la comisión me ha sido encomendada”. Este debe ser también el pensamiento de la mayoría de nosotros, sentir una necesidad voluntaria de cumplir con la gran comisión, la evangelización de las personas no haciendo acepción. Que no se mal entienda, por qué muchos de nosotros no recibimos un salario. ¿Porque muchos somos voluntarios? no es por orgullo, sino porque se nos ha puesto de parte de Dios una necesidad voluntaria de cumplir con la gran comisión de evangelizar.

Muchos de ustedes se preguntarán: ¿Es como tener un par time? (un trabajo extra después del trabajo regular) Si, así es. Muchos debemos salir corriendo a visitar hermanos y hermanas al hospital, a sus casas, a evangelizar, y muchas de las veces vamos comiendo en el carro, muchos no somos bien tratados, otros no somos valorados por las congregantes en nuestra labor voluntaria. Pero nada de esto nos hace desistir, ya que el llamado que tenemos viene del Todopoderoso, y cuando el te llama a trabajar en su obra: te capacita, te fortalece, te guía, te sostiene y te empuja a seguir adelante aun cuando las circunstancia son adversas. Por eso Pablo sigue diciéndonos en los versos 18-19 esto: “¿Cuál, pues, es mi galardón? Que predicando el evangelio, presente gratuitamente el evangelio de Cristo, para no abusar de mi derecho en el evangelio. Por lo cual, siendo libre de todos, me he hecho siervo de todos para ganar a mayor numero”. Este también es nuestro sentir, que nadie nos juzgue o señale que abusamos de nuestro derecho, y que ustedes también no sean incomodados por sus familiares, amigos y compañeros de trabajo; que su pastor, ministro, anciano, diacono y obrero vive a expensas de ustedes.

Un llamado a la reflexión: A todos los ministros, pastores, diáconos y obreros a predicar y evangelizar con amor propio, sintiendo voluntariamente la necesidad de evangelizar a toda persona, eliminando trabas que estemos poniendo, eliminando todo pensamiento negativo, y falta de compromiso en la obra de Dios. Propóngase cada uno de nosotros a trabajar hombro a hombro con su pastor, líder encargado de la iglesia local, para que la obra del Señor Jesucristo crezca, para que el evangelio sea predicado.


No espere que se le llame a trabajar proponga en su corazón de servir en la obra de Dios de todo corazón, con buena voluntad, no de mala gana. Recuerde cada uno de nosotros que Dios conoce nuestros pensamientos y la intención que hay en nuestros corazones. Ante Dios estamos desnudos dice su palabra, no hay nada que podamos esconder. Sea cada uno de nosotros coparticipe en la predicación del Evangelio de Cristo, para que cuando el regrese a la tierra nos corone con la vida eterna, no lo haga por obligación, hagámoslo por voluntad propia. Propongá- monos llevar a una persona por tres meses la palabra de Dios, visitemos, acompañemos a esa persona en su caminar con Cristo, y verán como se sentirá cada uno de ustedes útil en la obra de Dios. La predicación del evangelio es mandato de Jesús para todos sus discípulos, para todos aquellos que de todo corazón le amamos. Conclusión: Que bendición será que cuando Cristo Jesús venga por segunda vez nos encuentre cumpliendo con su mandato, procuremos llevar el evangelio a toda raza, lengua y nación, sin acepción de personas. Pidamos a Dios que ponga en nosotros voluntad propia para servirle con amor y entrega. Que todos podamos seguir el ejemplo de Pablo y sus colaboradores, gente que se entrego y dio su vida por la predicación del evangelio. Demos gloria a Dios por ellos, y por todos aquellos pastores, ministros, diáconos, y obreros de la iglesia de Dios, que se esfuerzan día a día llevando el evangelio a los rincones de la tierra donde nadie quiere ir. Paz a vosotros.

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