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  • Foto del escritorIglesia de Dios En Elizabeth NJ

Las Preferencias Provocan Rivalidad

“¡Mirad cuan bueno y cuan delicioso es habitar los hermanos juntos en armonia!” Salmo 133:1

Lectura Bíblica: Genesis 25:28; 25:27-28; 37 3-4

Propósito: Comprender que a Dios no le gusta la rivalidad, Él es celoso, Sabio, que no hace acepción de personas. En El; No hay favoritismos, a todos nos trata por igual.


Introducción: En la biblia podemos encontrar varios ejemplos de hermanos que sufrieron por la rivalidad que había dentro de ellos, por ejemplo la primer pareja de hermanos Abel y Caín, Jacob y Esaú, Ismael e Isaac, los hijos del rey David, José y sus hermanos, Leah y Raquel, como tambien dentro de los mismos apóstoles a pesar de que Jesús no provoco rivalidad; pero dentro de ellos la había, porque algunos de ellos querían ser los primeros. Encontramos mucha historias dentro de estos personajes donde podemos ver que algunos por su propia rivalidad hubo odio, rencor, mentira, distanciamiento, y sobre todo no hubo herman- dad, cariño amor fraternal.

Lastimosamente en nuestros tiempos modernos, algunos padres provocan rivalidad entre sus hijos e hijas, porque tienden tener un hijo u hija preferida, dejando a los demás por un lado. Se preguntarán algunas de ustedes: ¿Como puedo yo como madre cometer estos errores? Déjenme darles algunos de los errores que cometemos:

1. Por nuestra forma de expresarnos de nuestros hijos, uno es más obediente, calmado, trabajador, estudioso, respetuo- so, ayuda en la casa a limpiar es un excelente hijo/a.

2. Mientras que el otro u otra es todo el contrario y utili- zamos expresiones como este salió igual que su padre, haragán, desobediente, desordenado no se cuenta para nada con el/ella.

Asi mismo comenzamos nosotros mismos a construir rivalidades dentro de nuestros hijos y lo peor es que se nos olvida que ambos son nuestros hijos e hijas, y nos olvidamos de que ambos son un regalo de Dios. Caín le tuvo envidia a su hermano Abel, porque vio que Dios se agradó de la ofrenda de Abel. Caín terminó matando a su hermano por celos, por envidia que le tuvo a su hermano. Por favor, procuremos a toda costa, que esto no nos suceda en nuestros hogares.

Como madres, tenemos el desafío junto al esposo, que los hijos e hijas encuentren en nosotros la guía, amor, y corrección a tiempo, fijándonos en todo momento que tambien entre ellos y ellas no haya rivalidad, envidia, y sobre todo quien es el o la mejor. Todas conocemos la historia de José, el cual fue vendido como esclavo a un mercader y todo por envidia que sus hermanos tenia, ya que su padre lo prefería por encima de ellos.

Fijémonos hasta en los pequeños detalles, si compramos un regalo para un hijo y tenemos tres, debemos comprar para los tres, si tenemos dos, hay que comprar para los dos. Si tenemos bienes materiales, y queremos repartir los bienes hagámoslo equitativamente. No provoquemos peleas entre ellos y ellas. Jacob y Esaú pelearon por una primogenitura, gracias a Dios que un dia hicieron la paz, y Jacob compartió su riqueza con Esaú, y hubo paz entre ellos, sus esposas, hijos e hijas. Si algo nos caracteriza como Iglesia de Dios, es: que no ocultamos nuestras debilidades, errores, asi como tambien realzamos nuestras virtudes. Cuando negamos que no tenemos problemas ocultando nuestras fallas y equivocaciones, no progresamos, al contrario nuestros hogares son lugares de pelea, envidia, rivalidad.

Hoy, no mañana hagamos lo que este en nuestras manos, para cortar con todos estos problemas que acaban con la relación entre hijos e hijas. La rivalidad acaba con la unidad familiar, aleja a los hermanos y hermanas , y luego cuando venimos a la iglesia, en las relaciones con las demás personas, comenzamos a sacar esa amargura de rivalidad, que fue creada en nuestros corazones desde nuestra niñez en nuestros hogares. Formemos a nuestros hijos e hijas, con un amor puro, sincero, lejos de lo que hallamos sufrido en nuestros hogares, démosle a ellos la oportunidad de crecer en un hogar libre de envidias, ego, rivalidad, y preferencias.

Conclusión: Tratar por igual a nuestros hijos e hijas es nuestra responsabilidad, y a la manera que seamos justas, podremos tener paz en nuestro hogar. A la medida que a todos y todas los amemos, y los veamos como fruto de nuestro amor, entonces y solo entonces; habrá igualdad entre ellos. Y sobre todo sentirán que les amamos, porque les hemos llevado por 9 meses en nues- tros vientres y les dimos a luz con amor, y dolor. Paz a vosotras.

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