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  • Foto del escritorIglesia de Dios En Elizabeth NJ

 Jeremías, un profeta en Crisis

Verso de memoria: “Mi pueblo es insensato, no me reconoce, son hijos necios que no recapacitan: son diestros para el mal, ignorantes para el bien.” Jeremías 4:22

 “Sin cesar os envié a mis siervos los profetas […]. Pero no prestasteis oído ni me hicisteis caso.” Jeremías 35:15

 

Lectura bíblica:  Jeremías 1:4-10                                                                 

 

Propósito: Analizar con sabiduria divina, porque estuvo en crisis Jeremías, y como nosotros podemos caer en esta situación si nos descuidamos espiritualmente.

 

Introducción: Estas impactantes palabras registradas en el libro del profeta Jeremías no nos pueden dejar indiferentes ya que estas son todo un llamamiento a la reflexión. Estas palabras fueron pronunciadas con relación al pueblo de Dios de aquel momento recordándoles lo alejados que se encontraban de la voluntad de Dios. Hoy tambien deberíamos preguntarnos: si nos hallamos en la misma situación del pueblo de Israel en tiempos del profeta. Jeremías vivió hace 2,600 años atrás aproximadamente, podemos ver como esa gente del ayer como la de hoy, tienen semejanza en rebeldía hacia Dios. Según Jeremías 1:1-3, venia de unafamilia de sacerdotes. Eso quiere decir que posee una sólida formación religiosa y que, por su origen, ocupa un lugar privilegiado dentro de la sociedad. Jeremías vive en una época de crisis, en una época convulsa, llena de cambios e inseguridades. Tal como la que vivimos hoy nosotros.  Como el propio Jeremías declara fue llamado por el Señor durante el reinado de Josías, este es el último gran rey de Judá. Durante su reinado las fronteras del reino se extienden y el culto del Señor es restablecido. Su época es conocida como una época de restauración. Pero esa época de esplendor se ve truncada de forma trágica por la muerte del rey Josias, cuando este sale al encuentro de las tropas egipcias. De alguna manera la muerte del rey marcará el comienzo del fin para el reino de Judá. A partir de ese momento este entra en una época de inestabilidad que finalizará con la destrucción del Templo y de la ciudad de Jerusalén que irá acompañada de la deportación de parte de la población a Babilonia en tiempos del rey Sedecías.

 

Jeremías recibe un llamado especial, según Jeremías 1:4-10 “El Señor me dirigió la palabra: Antes de formarte en el vientre te escogí, antes de salir del seno materno te consagré y te nombré profeta de las naciones. Yo repuse: ¡Ay Señor mío! Mira que no se hablar, que soy Niño. El Señor me contestó: No digas que eres un niño: que a donde yo te envíe, irás; lo que yo te mande, lo dirás. No les tengas miedo, que yo estoy contigo para librarte –dice Jehová-. Y extendió Jehová su mano, y tocó mi boca y me dijo: Mira, que te he puesto en este dia sobre naciones y sobre reinos, para arrancar y para destruir, para arruinar y para derribar, para edificar y para plantar.”  Hay una grande similitud de Jeremías con nosotros, Este se siente incapaz ante el llamado de Dios, él le dice soy un niño, y la tarea es grande. Jeremías le dice: No se hablarya que soy un niño.  Pero Jehová le dice: Jeremías no tengas miedo, Yo estaré contigo. Asi también nos ha dicho: que no nos desamparara ni nos dejará solos. siempre y cuando estemos dispuestos a predicar el evangelio. Dios hablará por nosotros, él pondrá las palabras en nuestra boca de lo que hemos de decir. No nos preocupemos, solo obedezcamos.

 

El mensaje de Jeremías es para sus conciudadanos para recordarles que han obrado y obran mal, que se han alejado de Dios. Jeremías tiene que dirigirse como dice el Señor a un pueblo  que “[…] tiene ojos y no ve, tiene oídos y no oye.” Jeremías 5:21

No deja de ser llamativo el hecho de que el pueblo de Dios no sea capaz de ver ni oír. Es como hablar al mismo tiempo con alguien que es ciego y sordo. Pero a pesar de esa realidad y del comportamiento del pueblo de Dios, el Señor no se olvida de ellos y sale a su encuentro. Sale a su encuentro porque los ama, y porque los ama los amonesta.  Asi mismo hacemos nosotros con nuestros hermanos de la iglesia de Dios, Septimo dia, conferencia general, y todas sus ramas administrativas.      

 El Señor no guarda silencio ante las equivocaciones de su pueblo sino que envía a su mensajero para amonestarlos indicándoles aquello que no están haciendo bien. Estas amonestaciones pronunciadas por Jeremías de parte del Señor se podrían sintetizar en cuatro aspectos. Asi tambien hoy, urgimos a todos nuestros hermanos en la fe de Jesús el Hijo de Dios, a que recapaciten y vuelvan a Jehová la fuente de vida, predicando la verdad y viviendo sometidos a Dios.

 

1. Han abandonado al Señor: El pueblo se ha olvidado de Dios, se han olvidado de lo que ha hecho por ellos. Se han olvidado de las promesas del Señor y, lo que es aún peor se han ido detrás de otros dioses. Por eso el Señor dirá: “Entablaré pleito con ellos por todas sus maldades: porque me abandonaron, quemaron incienso a dioses extranjeros y se postraron ante las obras de sus manos.” Jeremías 1: 16.

A pesar de que se han olvidado de Él, que se han ido detrás de otros dioses, el Señor los ama y por eso exclamará: “Recuerdo tu cariño de joven, tu amor de novia, cuando me seguías por el desierto, por tierra yerma.” Jeremías 2:2. Dios ama a su pueblo y añora esos tiempos en los cuales el pueblo le era fiel. Al leer estos textos, no puedo dejar de pensar que estas palabras nos hablan de un Dios que llora, de un Dios que sufre cuando su pueblo se aleja de Él.   Sigue clamando Jehova diciendo:

“¿Qué delito encontraron en mí vuestros padres para alejarse de mí?” Jeremías 2:5 “[…] me abandonaron a mí, fuente de agua viva, […]” Jehova exclama porque el pueblo se ha olvidado de Él, fuente de agua viva. Pero a pesar del dolor que siente, Dios no renuncia a su pueblo amado.

 

2. Falta de justicia: Otro aspecto del mensaje de Jeremías se refiere a su falta de justicia. Jeremías acusa al pueblo de su falta de sensibilidad con aquellos que se encuentran más necesitados. Además, nos habla de cómo la justicia brilla por su ausencia.

“Repasad las calles de Jerusalén, mirad, inspeccionad, buscad en sus plazas a ver si hay alguien que respete el derecho y practique la sinceridad; y la perdonaré.” Jeremías 5:1

Fijémonos bien, el texto nos habla de que no existe nadie que actúe correctamente. Y no deja de ser sorprendente que en medio de Jerusalén la justicia brille por su ausencia. No olvidemos que estamos hablando del pueblo de Dios, de ese pueblo en el que Dios se había manifestado de una forma espectacular.  “¡Qué fuerte!”,  es leer estos versos, no hay nadie dentro del supuesto pueblo de Dios que actúe rectamente. ¿Cómo es eso posible? ¿Cómo poder llegar a entender que se hayan alejado de tal forma de Dios? Pero eso no es todo, unos versículos más adelante podemos leer: “[…] y cavan fosas para cazar hombres: sus casas están llenas de fraudes […], así es como medran y se enriquecen, engordan y prosperan; rebosan de malas palabras, no juzgan según derecho, no defienden la causa del huérfano ni sentencian a favor de los pobres.” Jeremías 5:26-28.

El alejamiento de la voluntad de Dios es tan grande que los más desvalidos de la sociedad son los que más sufren las consecuencias de una sociedad sin justicia. De hecho, la justicia es tan injusta que los únicos que prosperan son los  poderosos. Tiempos similares a los nuestros, estamos viendo eso y lo que ha de venir será peor. ¡Tengamos certeza de eso hermanos!

 

3. Adoración superficial, Falsa seguridad: Otro aspecto significativo del mensaje de Jeremías es que han olvidado lo que es la verdadera adoración. Se creen el pueblo de Dios y que por ser el pueblo escogido nada malo les puede suceder. Cualquier amonestación no es oída porque están convencidos de que su condición los libra de cualquier peligro. Jeremías hablando en nombre de Dios les dijo: “No os hagáis ilusiones con razones falsas, repitiendo: «el templo del Señor, el templo del Señor, el templo del Señor».” Jeremías 5:4 “¿Qué me importa el incienso de Sabá y la exótica caña aromada? Vuestros holocaustos no me agradan, vuestros sacrificios no me son gratos.” Jeremías 6:20. Es curioso que la existencia del templo y los rituales que allí tenían lugar los habían alejado de Dios. Habían llegado al convencimiento de que hacían la voluntad de Dios, únicamente porque participaban de los rituales que allí se realizaban. No deja de ser llamativo como los rituales que se llevaban a cabo en el templo habían perdido su razón de ser y se habían convertido en una simple rutina. Estos habían dado una falsa seguridad al pueblo y, en lugar de llevarlo a Dios, lo habían alejado.

Algunos habían llegado hasta tal orgullo que se gloriaban con aquello que poseían como si les pudiese proporcionar seguridad, Jeremías les dijo: “Así dice el Señor: No se gloríe el sabio de su saber, no se gloríe el soldado de su valor, no se gloríe el rico de su riqueza.” Jeremías 9:22


Este texto nos habla de cómo los hombres pueden caer en una falsa seguridad. Millares de nuestros hermanos siguiendo a los lideres de la iglesia, obedeciendo todos los cambios de doctrina que han introducido, dejando a Dios y su palabra a un lado.  Esta supuesta seguridad se fundamenta; en lo que creen ser o en lo que tienen. Unos se creen sabios, otros fuertes u otros ricos. Pero en el fondo, todos ellos han errado al no fundamentar su éxito en Jehová de los ejércitos y en Jesús su Hijo.

 

4. Han trasgredido el sábado: Por último, Jeremías amonesta al pueblo en nombre del Señor porque han trasgredido el sábado. El pueblo de Dios ha olvidado el profundo significado que se encuentra en la observancia del sábado. Al actuar así, ese día que había de ser un templo en el tiempo, con todo lo que implica, se ha banalizado de tal forma que el sábado se ha convertido en un día como cualquier otro, con todos sus trabajos y afanes. Por ello el Señor les dirá: “Así dice el Señor: Guardaos muy bien de llevar cargas en sábado o de meterlas por las puertas de Jerusalén. No saquéis cargas de vuestras casas en sábado ni hagáis trabajo alguno; santificad el sábado como mandé a vuestros padres.” Jeremías 17:21,22. Llegado a este punto me gustaría señalar que no deja de ser sorprendente lo alejados que se encontraban del Señor y de su voluntad. Como pueblo de Dios  aparentemente eran conocedores de la verdad, pero a pesar de ello se encontraban totalmente alejados de Dios. Es muy fácil ser críticos con el pueblo de Israel del pasado. Pero todos estos aspectos que hemos ido desgranando nos habrían de hacer reflexionar sobre nuestra relación con Dios.             

 

El mensaje de amonestación de Jeremías es útil para nosotros en la medida que seamos capaces de preguntarnos: ¿dónde nos encontramos nosotros?. Siempre que leemos la Palabra de Dios esta nos interpela a que reflexionemos sobre nuestra propia situación. El pasado, no es útil por sí mismo, sino en la medida que aprendamos de él, para que no cometamos los mismos errores. Hemos de ser humildes y, al mismo tiempo, ser capaces de reconocer que nosotros no estamos libres de cometer los mismos errores que cometió el pueblo de Dios en el pasado.


De la misma manera que entonces, Dios nos llama en un momento de crisis como el actual a reflexionar sobre nuestra propia condición y a preguntarnos; si lo hemos abandonado por otros dioses. Si hemos dejado de escuchar su voz, si hemos dejado de ser sensibles a las necesidades de los más desfavorecidos, si hemos dejado de practicar la justicia, si hemos caído en el error de una falsa religiosidad, si nuestra relación con Él se basa en una rutina totalmente alejada de lo que es una verdadera relación con Dios, si hemos dejado de adorarlo en verdad. Por último, si nos hemos olvidado de guardar su día santo como es necesario. Algo que nuestros demás hermanos de la iglesia de Dios séptimo dia lo ven hoy en dia como un dia de reunión social, sin relevancia alguna.

 

Después de haber analizado rápidamente al profeta Jeremías, nos preguntamos: ¿Dónde esta su crisis? Y bueno es fácil darse cuenta de que el mensaje que este  tiene que transmitir al pueblo de parte de Dios no se trata de un mensaje popular. Yo diría que más bien, se trata de un mensaje sumamente impopular y desagradable, porque es más que evidente que a nadie le gusta que le digan que no actúa correctamente. Y como consecuencia de ello el profeta tendrá que hacer frente a la impopularidad. El profeta sufrirá de tal modo que tendrá la percepción de que se encuentra solo, por lo que exclamará: “¡Ay de mí, madre mía, que me engendraste hombre de pleitos y contiendas con todo el mundo! […] todos me maldicen.” Jeremías 15:10.Y unos versículos más adelante dirá: “Señor, acuérdate y ocúpate de mí, véngame de mis perseguidores, no me dejes perecer por tu paciencia, mira que soporto injurias por tu causa.” Jeremías 15:15.

La predicación de Jeremías provoca la indignación de las autoridades religiosas y políticas del país y, como podemos leer en Jeremías 20:1-2, este es azotado y apresado. Aquellos que detentan el poder no están dispuestos a reconocer que se han equivocado y menos aún a cambiar de actitud.


Las adversidades a las que tiene que hacer frente Jeremías son de tal magnitud que lo llevan al odio y a pedir el castigo de sus enemigos, Jeremías le pedirá a Dios: “Ahora entrega a sus hijos al hambre, ponlos a merced de la espada, queden sus mujeres viudas y sin hijos, mueran sus hombres asesinados y los mozos a filo de espada en el combate. Que se oigan gritos salir de sus casas, […] no perdones sus culpas, no borres de tu vista sus pecados; caigan derribados ante ti, ejecútalos en el momento de la ira.” Jeremías 18:21-24

Hemos de reconocer que estas expresiones y deseos no serían los que en principio esperaríamos encontrar en un fiel seguidor de Dios y, menos aún, en un profeta. Además, estas contrastan de una forma notable con el mensaje de amor predicado por Jesús. La situación de Jeremías llega a ser tan desesperada que incluso acabará maldiciendo el día de su propio nacimiento, él dirá: “¡Maldito el día en que nací, el día que me parió mi madre no sea bendito! Jeremías 20:14. Y en los versículos siguientes maldecirá al que dio la noticia a su padre, e incluso llegará a preguntarse por qué no le dieron muerte en el vientre de su madre. Hay que decir que no dejan de ser expresiones muy impactantes proviniendo de un profeta, de un hombre escogido, un profeta de Dios. Hermanos quiero decirles que no me gusta la forma como Jeremías se dirige a Dios, pero  en cierta forma a veces ciento que me identifico con él, en el sentido de cómo se sufre por amar a Dios y su Hijo Jesús.

 

Jeremías se convierte así en hombre real. Además, ¿quién de nosotros no se ha sentido desesperado ante determinadas circunstancias de la vida? ¿Quién puede decir que no ha gritado o ha actuado en contra de lo que sería esperable de un verdadero seguidor de Cristo? Seguro que todos estamos de acuerdo en que un seguidor de Cristo habría de expresarse de forma diferente. Y además,  habría de ser capaz de amar a sus enemigos en sintonía con el mensaje de amor predicado por Jesús. Pero como hombres necesitados de Dios, no hay la menor duda de que todos en alguna ocasión no hemos actuado de forma correcta. Esa forma de actuar por parte del profeta nos indica que a pesar de nuestras equivocaciones, de nuestros desvaríos verbales, Dios está dispuesto a perdonarnos y aceptarnos de la misma forma que aceptó a Jeremías. Lo importante en esta vida no es no equivocarnos sino ser capaz de reconocer nuestros errores  y saber rectificar.


Pero a pesar de las dificultades, de todos los problemas que tuvo que soportar, Jeremías es capaz de expresar de una forma reiterada su confianza en Dios. “El Señor es mi fuerza y fortaleza, mi refugio en el peligro.” Jeremías 16:19 “Pero el Señor está conmigo como fiero soldado, mis perseguidores tropezarán y no me podrán; […]” Jeremías 20:11 Al escuchar estas palabras no puedo dejar de sentirme identificado con ellas. La confianza de Jeremías hacia Dios nacía de una relacion estrecha con él, “Cuando recibía tus palabras, las devoraba, tu palabra era mi gozo y mi alegría intima, yo llevaba tu nombre, Señor, Dios de los ejércitos.” Jeremías 15:16.  Además, Jeremías, en un texto que me parece maravilloso, dijo: “Me sedujiste, Señor, y me deje seducir; […]” Jeremías 20:7,

 

Preguntas para estudio y enseñanza.

Nota: Favor de añadir a tu respuesta, versos bíblicos.

1.    ¿Cómo estaba el pueblo en tiempos del profeta Jeremías?

 

2.    ¿Qué mensaje le dió Dios a Jeremías para predicar al Pueblo?

 

3.    ¿Aceptó el pueblo de Israel el mensaje de Dios por boca del profeta Jeremías?

 

4.    ¿Dónde radica la crisis del profeta Jeremías?

 

5.    ¿Te has identificado con Jeremías mas de alguna vez?

 

Conclusión: Mi petición a Dios es: Que ante las dificultades de la vida, seamos capaces de dejarnos seducir por el Señor, de la misma manera que Jeremías. Que tengamos el convencimiento de que al lado del Señor no hay nada que temer, que nos arrepintamos de nuestros errores con la seguridad de que el Señor nos va perdonar. Paz a todos.

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